¿Y ahora qué?

20 Mar 2013

 

Los resultados de las elecciones vividas en el Ecuador el 17 de febrero de 2013 para elegir a

Presidente de la República, Asambleístas Provinciales y Nacionales y, Parlamentarios Andinos parecerían ser un perfecto sumario democrático que ubica en picos a la revolución ciudadana y su gran motor estructural.  Sin embargo de ello, más allá del festín y suma de adeptos momentáneos que se arriman en gran caudal al Gobierno triunfador, existe un análisis necesario, serio y responsable que debemos observar e inferir de este proceso.

 

La votación obtenida por el Presidente Rafael Correa, con el 83,05% de actas computadas hasta las 23h00 del martes 19 de febrero conforme los datos que se obtienen de la página web del Consejo Nacional Electoral, nos arroja un porcentaje del 51.51% de los que han acudido a votar que son 7’910.973 de 11’675.441 Ecuatorianos facultados para ejercer su derecho constitucional de voto, es decir, el Presidente tiene una votación sumatoria de 4’075.525 Ecuatorianos, consecuentemente representa el 34% del total de electores (11’675.441) aunque, lo han mostrado y analizado como un alcance de 51.51% únicamente analizando el dato de quienes han ido a votar y retirando de las estadísticas al ausentismo que es sustancial en este particular análisis. 

 

Sin embargo de ello, existe un nuevo Presidente, con una real votación del 34% de electores, por supuesto que es una votación de consideración y reconocimiento que debemos realizar, no es sencillo, en el caso de un candidato nacional, obtener un apoyo superior a cuatro millones en condiciones equitativas y reglas generales.  Pues, las mayores críticas y consideraciones que se han realizado al respecto de esta campaña siempre se concentrarán en la escasa existencia de escenarios de equidad para todos los candidatos que participaban. Desde el inicio mismo del proceso, se han presentado irregularidades denunciadas y criticadas pero tan silenciadas por el marketing publicitario como: problemas con la inscripción de los movimientos y candidaturas, las firmas adulteradas, el uso de recursos y bienes públicos para la campaña presidencial, la falsificación de tesis, irrespeto de los límites publicitarios, videos y parodias contrarias a los más mínimos principios democráticos y argumentativos, enlaces informativos del gobierno en época de campaña, y otros elementos considerablemente cuestionados.

 

Y es que,  la democracia verdadera, madura  y coherente no puede estar alineada o a la expectativa del ánimo o participación de un grupo o fuerza política de turno, las condiciones deben ser claras y permanentes para todos los sectores y, en general para el gran número de Ecuatorianos.  Es realmente sorprendente el cambio permanente de los entornos con los cuales se quiere iniciar una lid electoral, el uso a conveniencia y proyección partidista de los métodos para la adjudicación de escaños, de los límites al ejercicio de la promoción política y otros, que lo único que forja es un inseguridad jurídica y democrática en un País que reclama la vigencia de certeza.

 

¿Y ahora qué?, claro que hay un camino para quienes no estamos alineados al Gobierno actual y su forma de hacer política, dividir, segmentar, insultar y fragmentar a la población,  sin duda radica en potenciar una debilidad de la revolución ciudadana, que es el generar argumentos, análisis responsables, serios planteamientos y propuestas frente a las decisiones radicales de única voluntad, verbigracia, mantener la coherencia de criterio; no ceder en principios e ideales mínimos que apoyan y respaldan a un Estado Constitucional de Derechos, a la Independencia externa e interna de Funciones del Estado, a la Democracia real, Meritocrácia ética, Respeto a los Derechos Humanos, y la Libertad tan vulnerada en este Gobierno; promover la participación activa de los ciudadanos en la vida política sin el impávido conformismo con carreteras; motivar la discusión y debate responsable en todos los sectores sociales; originar la aceptación a la diversidad de criterios y posiciones que permita entender así la dinámica del progreso social mancomunado y no de único criterio y partido político; fomentar en todos los espacios la unión y radicalización de una oposición responsable, fuerte y alineada; así como jamás detener la fuerza, ilusión y esperanza que nos determina y ha permitido llegar hasta este momento.

           

Nadie ha dicho que permanecemos solos, la otra mitad esta con nosotros, el Presidente Correa tiene una votación real de 34% y según sus egos es el 51.5%, tomemos ambos resultados, en el primero, en dónde esta el otro 66 % que le falta, y en el segundo, aquí estamos el 48% que no tiene.  La democracia no inicia ni termina en una elección, es un universo de actos, procesos, situaciones, momentos, que se perfeccionan y abren espacios para la participación activa de todos los sectores.  La Democracia no puede convertirse en el juguete de un gobierno de turno, menos una razón para ocupar el poder con intereses maquiavélicos y eternos, la democracia es un universo y al ser un universo nada debe limitarla!

 

Ahora, es el momento de seguir en la contienda, hemos ganado terreno, no lo tenemos perdido,  la Asamblea claro que tiene una mayoría absoluta, y por supuesto que es incorrecto llenar los escaños sin participación de las minorías en la sede de la democracia y política como es la Asamblea Nacional.  Estamos cada vez más cerca, analicemos las cifras que nos permiten entender la realidad.

 

 

¡ESTAMOS JUNTOS!

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