Un llamado a la juventud

27 Jul 2009

La importancia de la juventud en el qué hacer político no es un concepto al que se llega del análisis aislado del rol vanguardista que juegan los nuevos criterios en cualquier ámbito de la sociedad, ya sea público o privado.

A lo largo de los tiempos “el sabio”, “anciano de congregación”, “el mayor del grupo” ha llevado la batuta caminante de los destinos en la colectividad, lo que aplaudo y respeto, sin embargo, no se puede descartar hoy la frescura y alta dosis de creatividad sobre la cual toda concepción propia de los jóvenes en distintos temas hacen brotar de triunfo y talentosas ideas en bien del servicio a la sociedad. Sin duda hablo de fructíferos resultados que se observan día a día en las actividades emprendidas por mentes nuevas en la existencia colectiva, aquellas acciones que dan luz y alimentan la esperanza de un mundo a la par del progreso, la institucionalización de un Estado a servicio puro y limpio de los administrados, así como la innovación constante de los procesos político – democráticos de un país.



Con lesionados y vagos criterios escucho a menudo de voces juveniles un rechazo a las Instituciones del país, su política, entre otros, y claro, es lógico, pues la historia nos han dejado un amargo sabor de lo que es la política, el gran aparato estatal, pero el momento de dignificarla e impulsarla a ser aquel instrumento esencial de servicio a las grandes masas debe ir más allá y así llegar a la frontera misma en donde se debe tomar la patriótica y sincera decisión de vitalizar nuestra actividad en pro de lo que la Patria nos ha dado, en un sano momento de reciprocidad e instaurando al fin el hecho de ser participes activos del presente y futuro del Ecuador.

Es intolerable desgastar y reprochar la política nacional, el sistema democrático del país, su justicia y corrupción si es que nada hacemos por cambiarla, empezando desde el brote de los nuevos pensamientos y de crítica fundamentada. Convencido estoy que el papel de los nuevos años es el de la unificación de la sociedad, del humanismo y la dinámica de la superación comunitaria, a la cual no se llegará jamás con egoísmos de talentos y conocimientos, a la que nunca obtendremos con actitudes de nefasta pasividad frente a lo que sucede en nuestro país.

Mi llamado es a servir, y no únicamente desde un escritorio o un computador, desde un empleo u oficio, cargo público o privado, mi voz busca el servir tomando conciencia de la necesidad de preparación, conocimiento y superación, haciendo razón de que los jóvenes más que futuro somos presente; y porque la juventud no debe ser sumisa a tiránicas decisiones en provecho del silencio al qué hacer político.

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