LA DESIGUALDAD, LA POBREZA, ¿PAN SIN SABOR? ¿SABOR DE LOS GOBIERNOS DEL ECUADOR?

19 Oct 2008

Muy a menudo se piensa que existe similitud entre los términos “Desigualdad y Pobreza”, pero los mismos son distintos y denotan diferentes significados. Los indicadores de pobreza miden si una familia no suple de manera estable ciertas necesidades en función del nivel de consumo del hogar y de los ingresos percibidos; mientras que la desigualdad mide qué tan inequitativa es la distribución de la riqueza o la capacidad de consumo, atención, dignidad que unas u otras personas pueden recibir por parte del Estado, como un ejemplo claro: “en qué medida los ricos tienen muchos más recursos que los pobres”.

 

Todos los funcionarios públicos electos por voto popular o designados por alguna autoridad, tiene entre sus objetivos principales el terminar con la pobreza y por ende, con la amarga desigualdad, que por cierto, no sólo se ve reflejada en la pobreza que sufriera un país, sino que también atiende a otros campos como el de la atención, el desorden y la poca eficiencia.

 

La mayor acentuación de pobreza en el país es percibida en las áreas rurales con un 64% hasta el año 2006. La estabilidad de un país demuestra que puede combatir de una forma definida al mal de la pobreza que agobia al mundo entero y se resalta sobre todo en países tercermundistas como es el caso de Ecuador, en donde, faltan políticas serias en fin de atender la deuda social, en estimular métodos alternativos que permitan a la población impulsarse en el comercio, economía, etc.

 

En el año 2006, según un estudio realizado por el INEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) el 20% más rico de los ecuatorianos accedía a 55% del consumo nacional, mientras que el 20% más pobre solo consumía el 5%. Los indicadores de desigualdad no han mostrado ninguna mejora sustancial y, pese a ser más pobres, las zonas rurales son algo menos desiguales que las urbanas, pero al mismo tiempo es en donde más se refleja el abuso indiscriminado a sufrir por parte de los sectores dominantes. Reducir las desigualdades es más difícil que combatir la pobreza, por una simple razón: los ricos tienen generalmente a su alcance muchas más posibilidades y alternativas que los pobres para adaptarse y sacar provecho de la situación económica, buena o mala, aquí es importante que transcriba el Art. 71 de la Carta Política del Ecuador del año 1998 en donde dice: “En el presupuesto general del Estado se asignará no menos del treinta por ciento de los ingresos corrientes totales del gobierno central para la educación y la erradicación del analfabetismo”, lo cual más de una vez no ha sido cumplido por el Ejecutivo ni por el Legislativo al momento de aprobar el presupuesto general del Estado, dando así mayor oportunidad a quienes con su poder económico y social manejan la educación en el país y pueden tener acceso con superior facilidad a estas necesidades universales que los grupos pobres existentes en el Ecuador.

 

La nueva Constitución habla de una educación gratuita, educación condicionada a un nivel académico. Ya vemos los gritos de estudiantes con necesidades y sin ellas, que, reclaman el apego inmediato a la disposición para acceder a una educación gratuita. Esperemos que no sea una burla más al Ecuador. No busco ser pesimista, pero recuerdo las tantas veces que han engañado al país con falsas promesas. Hoy, el petroleo esta bajando, la división internacional nos está aislando por un discurso poco apasiguador y muy incendiario.

 

 

La desigualdad en el margen marcado entre pobres y ricos ha sido hasta aquí uno de los principales temas que he tratado en esta investigación – análisis, sin embargo considero muy oportuno citar las desigualdades que enluta al país en materias de educación, salud, oportunidades de empleo, entre otros que son algunos puntos que abordaré a continuación; pero considero de primal importancia no dejar de lado el cumplimiento ante la ley que varias veces ha sido producto de largas discusiones que parecen perderse en maquillajes que no terminan solucionando al problema de raíz. En la Constitución de 1998 del Ecuador en el artículo 23, numeral 3 encontramos, “La igualdad ante la ley. Todas las personas serán consideradas iguales y gozarán de los mismos derechos, libertades, oportunidades, sin discriminación en razón de nacimiento….” El mismo que con la permanencia de varias desigualdades en el país poca atención ha tenido en la práctica del Estado de Derecho del país. Ha menudo por los medios de comunicación accedemos a la información sobre la violación a tal precepto consagrado en la Carta Política del 98 y también transcritos en la del 2008, los fallos judiciales, la atención al usuario, las filas de larga espera, entre otros. De la misma manera está plenamente reflejado el poco interés por cambiar esta realidad. Coktail de discusiones se han dado sobre el tema del manejo de los sueldos a trabajadores del sector público en donde la diferencia de salarios es realmente aterrador aunque con olas de cambio iniciadas por el nuevo gobierno que ha comenzado desde enero del 2007 por del Econ. Rafael Correa se ha buscado tratar de equilibrar tales sueldos que amenazaban con el surgimiento de más desigualdad que dilataría aun más cualquier proceso de igualdad.

 

La búsqueda de igualdad no debe ser entendida solo como un deseo de victoria y de reprimir a las clases que detentaron el dominio económico y social a lo largo de la historia del país y en la actualidad. La sociedad significa una convivencia entre cada individuo, en donde existe una relación de fuerzas de poder, las mismas que deben ser atemperadas mediante acuerdos, convenios, diálogos; cediendo uno y otro cada vez más para lograr un acuerdo común ganando posibilidades para cada integrante de la sociedad. En la actualidad se ve que en la comunidad de individuos existe un grupo menor de personas dominando a un grupo mayor aunque la mayoría lo apoye, lo legitime y lo aplauda. No todos por obvias razones de organización y estructura podrán ejercer el poder y sus tabúes, el poder y sus ganancias, el poder y sus mandos que a la final es la sociología la que estudia esta relación de fuerzas entre el dominante y los oprimidos pero es notoria la situación de un Estado capitalista. Un capitalismo plenamente cuestionable con los últimos acontecimientos de Wall Street y la economía basada en un Estado abstencionista.

 

Todo Estado debe comprender una atención sólida en materia de salud, porque la vida o la muerte no puede esperar condiciones de igualdad para ser atendida, pero si debe dar condiciones iguales a todos los ciudadanos. La salud privada y la pública resalta costados sorprendentes en su atención y servicio, en el país observamos que enfermos mueren en las puertas o madres dan a luz en pasillos oscuros de casas de asistencia médica por una paralización de actividades de los médicos reclamando su justo sueldo pero

obrando de manera deshumanizada; mientras que quienes poseen el poder político, económico pueden acceder a los mismos Hospitales con atención alfombrada o simplemente acuden a Hospitales privados para lo cuales es necesario un estatus más elevado del que muere en Hospitales públicos, y es el Estado quien debe garantizar la vida y la salud para todos los ecuatorianos, y es el Estado el responsable de los sueldos de los trabajadores del sector público, y es el mismo Estado el que fracasa y crea mayores márgenes de desigualdad en el territorio nacional, y es el Estado el que hoy administrará con mayor competencia y planificación en estos sectores, y es al mismo Estado al que se le ha dado la potestad de seguir sirviendo plenamente, porque estoy convencido que es un deber del Estado darnos una vida digna.

 

Las oportunidades de cambiar la realidad son varias, desde el mismo momento en el cual se empiece a descentralizar la educación, la economía, la transportación, entre varios objetivos más que deben ser concebidos como metas ha alcanzar para los gobiernos de turno.

 

Las revoluciones llegan a mucho, pero llevan consigo sangre de luchadores. Las rebeliones conducen a la anarquía, las protestas atienden al recurso ciudadano de poderse expresar, pero, no hay mejor forma de tomar nuestras propias decisiones siendo parte activa del cambio, impulsando con ideas, afán de superación, proyectos, expresándonos y sobre todo eligiendo a quien se debe elegir y como se debe elegir.

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